Salud

Nos separamos

Casi la mitad de las parejas que se unen por primera vez, terminan divorciadas. Esto nos da una pauta de que la separación ya no es algo atípico, sino que tiende a constituirse en algo habitual. Si se da y hay hijos de por medio, hay que tener en cuenta diversas variables. 

Dice una encuesta que entre el 40 y el 50% de las parejas finalizan en un divorcio. Y, la verdad, no necesitamos que nos lo digan los fríos números para verlo. Es algo común, por supuesto que no deseable, pero sería necio no verlo. Como lo negaban quienes se oponían a la ley aprobaba durante el gobierno de Raúl Alfonsín, que permitía el divorcio vincular, porque pensaban que iban a haber más divorcios si lo apoyaba la ley. Y obviaban que la necesidad de la ley era por la cantidad de divorcios que había.

Al plantearnos este tema, nos surgen más dudas que certezas, más preguntas que respuestas. Y cuanto más leemos, menos creemos saber.

Se ha comprobado que es preferible para la estabilidad emocional de los hijos, unos padres separados pero felices a unos padres juntos pero que viven peleando, sin mantener ninguna relación de amor. 

Muchas son las causas que se buscan como explicación ante el aumento en la cantidad de separaciones. Los diferentes hábitos en cada uno de nosotros, el individualismo, la falta de amor (motor incuestionable de un matrimonio), en fin, muchas. Lo cierto es que cuando el amor se termina, la pareja entra en una debacle que muy probablemente la lleve al ocaso. ¿Y los hijos? ¿Cuál es el daño que un divorcio les provoca? ¿Es preferible mantener, contra viento y marea, la familia unida? ¿Hay que contarles todo? 

Por supuesto que no es bueno que, habiéndose terminado el amor, la pareja, por los hijos, sólo por ellos, continúe unida. Se ha comprobado que es preferible para la estabilidad emocional de los hijos, unos padres separados pero felices a unos padres juntos pero que viven peleando, sin mantener ninguna relación de amor. Ellos llegarán a entenderlo si es bien manejado, e incluso podrán llegar a asumirlo como una experiencia más de su vida que los hará crecer como personas. 

Cuando una pareja con hijos decide divorciarse está ante una situación límite. Ya se probó salvar el matrimonio y no se pudo. Ante la separación el primer sentimiento que les surge a los padres es la culpa por esa familia que se rompe. Y esta sensación que no contribuye en nada, hay que evitarla. Uno de los primeros pasos para resolver la crisis es "perdonar al ex" y perdonarse uno mismo por haber fracasado en este vínculo. Tampoco se debe alimentar en los hijos la fantasía de la posible reconciliación, como para construirles un futuro “quizás” mejor. Si la situación es definitiva, que lo sepan. Eso los ayudará a cerrar un proceso y a comprender la situación. 

Muchas veces los hijos son utilizados como botín de guerra para dañar al otro o como depositarios del rencor de una de la partes hacia la otra, porque, en toda separación siempre hay alguien que queda más dolido que otro. 

Es imposible que el divorcio de los padres, la ruptura de la familia, no tenga un impacto sobre los hijos. Aun siendo bebés, ellos perciben todo lo que pasa a su alrededor. Un informe de la UNICEF señala que las consecuencias pueden ir de moderadas a graves, de transitorias a permanentes y que dependen: 1) del grado del conflicto previo, especialmente que se involucre o no a los hijos, 2) del ejercicio o no de la coparentalidad ( crianza conjunta de los hijos) y 3) de los efectos del deterioro económico y del estilo de vida que por lo general trae aparejado.

A los chicos hay que explicarles con franqueza y sin vueltas, siempre teniendo en cuenta su grado de comprensión, lo que está pasando. Y no hay nadie como los padres mismos, aun separados, para ayudarlos, acompañarlos a superar esa crisis, esa tormenta que significa para todos los integrantes, un cambio.

Ante un inminente divorcio hay que tener en cuenta que son los cónyuges (marido/ esposa) y no los padres los que se separan. Y es justamente frente a una separación cuando la función de los padres tiene que estar más presente que nunca. Además los chicos están ajenos a esta decisión, son espectadores de un problema ajeno y no es una obviedad aclararles que pese a la separación, el papá y/o la mamá, van a estar siempre a su lado. Que va a contar con sus padres siempre que los necesite y que no necesariamente va a tener que optar por alguno de los dos. El respeto entre ambos es algo que no se debe descuidar. Cuando la separación de los padres trae aparejada el abandono de la función paterna o materna, sus daños son irreparables. 

Pese a toda la contención que se les pueda dar, es probable que los chicos manifiesten de diferentes formas este desacomodo que significa la ruptura familiar (generalmente estas formas varían de acuerdo a la edad y etapa por la que están atravesando). Es importante estar atentos, comprenderlas y también limitarlas. Es muy bueno para los chicos que no queden temas pendientes, que las cosas se hablen y que tengan oportunidad también de expresar y evacuar sus dudas y temores. 

La función de los abuelos o tíos pueden ayudar en estos momentos revoltosos, donde muchas veces los padres no están bien. Además son quienes contribuirán a que los chicos sientan que su mundo, su entorno, todavía, y pese a todo, les sigue siendo familiar. 

Como ven es una situación más que compleja, que compromete no sólo los sentimientos de los directamente involucrados en el tema, sino de terceros, que nada tienen que ver, pero, sino se es cuidadoso y considerado, pueden ser los que más la padezcan. 

Posibles síntomas en niños menores de 3 años:

* Irritabilidad.

* Llanto inconsolable. 

* Berrinches.

* Hiperactividad. 

* Dificultades en el sueño. 

* Pesadillas.

* Rechazo a la comida.

* Dolor de panza.

En niños mayores de 3 años:

* Baja en el rendimiento escolar.

* Problemas de conducta.

* Inseguridad. Incertidumbre, miedos.

* Enojo hacia uno de los padres, culpándolo de la situación.

* Tristeza y desgano.

Fuentes:

Lic. en Psicología Adriana M. Tiribelli. Mat. Nro. 45.060

* Ante cualquier duda siempre es aconsejable consultar con un especialista.