Salud

Cómo vivir entre pantallas

Un informe relevó que niñas y niños de hasta 13 años usan dispositivos tecnológicos desde antes de los tres años, la edad recomendada por los pediatras, y que en cuatro de cada diez hogares no se aplican filtros para evitar el acceso a contenidos inapropiados.

En el país, el 50 por ciento de los niños y las niñas menores de dos años miran contenidos frente a una pantalla digital. Los datos surgen de un informe sobre el uso de tecnologías por parte de los chicos menores a 13 años por investigadores del Centro de Investigación en Estadística Aplicada (CINEA) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref). “Es una situación paradojal: los padres reconocen que sus hijos pasan varias horas frente a la televisión y en Internet, pero a su vez, no se evidencia esa preocupación en medidas concretas”, explicó a este diario Leonor Pérez Bruno, directora del centro de investigaciones.
En el informe relevado por la Untref, titulado “Niños, niñas y conectividad”, se estipula que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) se constituyen como un medio fundamental para la interacción, comunicación, aprendizaje y esparcimiento para los menores de edad. Sin embargo, pese al consejo de la Asociación Argentina de Pediatría que recomienda la utilización de la TIC’s a partir de los tres años, uno de cada dos chicos menores de dos años pasan tiempo frente a una pantalla, ya sea un televisor, una computadora o una tableta. La exposición prolongada a pantallas digitales ha sido asociada a riesgos potencialmente para la salud y el bienestar de los niños y niñas. 


“Pese a que no existen daños directamente fisiológicos por la aplicación de contenidos tecnológicos en los chicos, la sobre-exposición del contenido multimedia genera en los menores trastornos indirectos como sedentarismo,  falta de desempeño o insomnio. Además afecta en la interacción con los otros, ya sea de la misma edad o generaciones mayores: se presta menos atención, no se despegan de las pantallas”, expuso Pía Argangon, una de las investigadoras que participó del estudio.
Tan sólo el 13 por ciento de los chicos menores de seis años miran contenidos multimediales por menos de una hora diaria. En cambio, el informe relevó que en cuatro de cada diez hogares, los niños y niñas menores de seis pasan entre una y dos horas diarias frente a una pantalla digital y el 38 por ciento de las personas consultadas informó que, en sus casas, los menores de seis años superan las dos horas por día.

Por su parte, el estudio destaca el desfasaje entre la preocupación de los padres por el uso de Internet y redes sociales de sus hijos y las medidas concretas que realizan para controlarlo. Un 96 por ciento de los consultados relevó que ellos mismos tienen la obligación de monitorear la conexión e incluso un 63 por ciento considera que dicha supervisión debe efectuarse hasta los 18 años. Sin embargo, en el 40 por ciento de los hogares con niños y niñas menores de 12 años no se utilizan filtros para impedir que los chicos accedan a contenidos inapropiados y el 30 por ciento no establece normas de uso para las redes sociales. 
“Existe una situación paradojal entre el discurso y la práctica de los padres. Y aunque no tengamos una afirmación total, la hipótesis que consideramos radica en el propio desconocimiento de los adultos. La mayoría de ellos sólo llega al control del horario y el historial de navegación. Sin embargo, el porcentaje baja considerablemente cuando las medidas son más acentuadas, ya sea con la utilización de filtros en distintas páginas o bien, diseñar restricciones en Internet”, explicó Peréz Bruno, directora de CINEA.

Para el informe fueron entrevistadas 1556 personas mayores de 16 años en todo el ámbito nacional. Allí se relevó que nueve de cada diez hogares con niños de entre 6 y 12 años se conectan a Internet diariamente y, al hacerlo, el 40 por ciento de los chicos está online por más de dos horas. El uso de las redes sociales por parte de los chicos supera ampliamente a otras competencias digitales, tales como las instrumentales –ligadas a lo operacional– y de la búsqueda de información. 
“Hoy en día, chicos de nueve, diez años ya utilizan teléfonos inteligentes y las redes sociales parecieran estar todo el tiempo con ellos, no sólo para las interrelaciones subjetivas, que ocupan la mayor parte y que suelen estar diseñadas específicamente para menores de edad, sino también para la articulación de producción de contenidos”, comentó Pérez Bruno a PáginaI12. Entre las diferentes situaciones que un chico podría experimentar en las redes sociales, un 39 por ciento de los entrevistados reveló que la mayor preocupación es la vinculación de los menores con extraños. A su vez, los otros riesgos más alarmantes para los padres radican en la facilitación de datos privados, la posibilidad de ser víctima de bullying o formar parte de un grupo que lo practique y la pérdida de las relaciones intrapersonales.

El informe concluye que los cambios tecnológicos, que afectan hábitos y costumbres del ámbito social y cultural, “llegaron para quedarse”. El desafío reside, entonces, en la actualización y reajuste que deben hacer tanto los chicos como los adultos en la aplicación de las TIC’s.

El informe concluye que los cambios tecnológicos, que afectan hábitos y costumbres del ámbito social y cultural, “llegaron para quedarse”. El desafío reside, entonces, en la actualización y reajuste que deben hacer tanto los chicos como los adultos en la aplicación de las TIC’s. “El informe ofrece una reflexión para poder mirar más allá. Ya no se puede pensar como hace 20 años, cuando se aconsejaba no exponer a los menores con las computadoras. Hoy, eso es impensado. Se ha extendido el uso y los aparatos tecnológicos son cada vez más intuitivos. Por eso se debe pensar en estrategias más sofisticadas que vinculen al chico con la tecnología, y que a la vez esas estrategias no pierdan de vista la privacidad y la seguridad en la conexión”,   reflexionó la investigadora Argagnon.