Salud

Aprendemos sobre aprender

Acudimos corriendo a nuestro neurólogo de cabecera, el Dr. Laureano Marcón, para aprender qué le pasa a nuestra loca cabecita cuando aprendemos. Cómo sucede tan maravilloso acto. Prepárense para admirarse con esa máquina perfecta e irremplazable llamada cerebro. 

Aprender es, en pocas palabras, obtener un conocimiento de cualquier tipo, comprenderlo y recordarlo cuando yo lo necesite. En este proceso intervienen múltiples funciones de diferentes partes del cerebro que luego se integran en regiones llamadas multimodales o de procesamiento.

Todos nacemos con un número de neuronas y sinapsis (contacto entre neuronas) determinado genéticamente. Lo que se va incrementando con el estímulo-aprendizaje es la cantidad de estas sinapsis. Aquí está la “clave del aprendizaje”: a más estímulo especifico más sinapsis mayor facilidad o habilidad para interpretar, analizar, relacionar y recuperar datos aprendidos y generar nuevos. Es decir, cuanto más lo ejercito o estimulo, más habilidades logra. 

No todas las personas nacemos con el mismo número de sinapsis en todas las áreas cerebrales, por lo cual nuestras habilidades o facilidades para aprender son distintas. Por suerte el aprendizaje es sumamente dependiente del estímulo externo y siempre mejora si lo aplicamos de manera adecuada en el contexto adecuado y por el tiempo necesario.

El cerebro nace con una serie de respuestas llamadas instintivas básicas, destinadas a nuestra supervivencia, con lo cual todo el resto lo debemos aprender del medio ambiente o de otras personas. En edades tempranas de la vida es sumamente importante ya que su estructura sináptica se va a ir formando y obteniendo conocimientos según los estímulos que reciba. Estos primeros conocimientos son sumamente necesarios para luego adquirir otros más complejos (ejemplo si no hay lenguaje es imposible lograr lectoescritura).

El Dr. Laureano Marcón nos cuenta qué pasa en nuestro cerebro cuando aprendemos

El cerebro aprende escuchando, viendo, imitando, pero sobre todo haciendo (esto se denominan praxias), también aprende más del error que del modelo perfecto.

Algunos requisitos importantes para fijar el aprendizaje es la repetición del estímulo (repaso). Además cuando llega por más modalidades es mucho más fácil de recordar y por lo tanto aprender. Por último si a un estímulo se le asocia un componente emocional importante, será muy difícil de olvidar.

La capacidad de aprender (fortalecer y multiplicar el número de sinapsis) está presente durante toda la vida (plasticidad cerebral) aunque por supuesto es mayor en los primeros años y va decreciendo con el tiempo. 

Los aprendizajes tempranos forman parte de cómo se va a formar la estructura neural de la persona (el cerebro crece en los primeros 3 años el 80% de su tamaño total) y en gran parte cómo vamos a ser. Por eso es muy importante que en estas etapas los niños estén en un ambiente agradable y reciban los estímulos adecuados. (Afecto, contacto humano, lenguaje, juegos, no pantallas).

El ambiente tiene mucho que ver en el aprendizaje.  Si en el mismo hay tensiones, stress, miedo o peligro, la persona no puede focalizar en el estímulo a aprender. Y cuando el estímulo se repita o lo recordemos también aparecerán estas sensaciones, y la persona tomará conductas evitativas como defensa instintiva.

También el tiempo destinado a atender debe ser suficiente para que la información ingrese (atención sostenida) “no aprendo lo que no atiendo”. Para que la atención exista los estímulos deben ser interesantes para todos, si pretendo que todos aprendan.  El marketing estudió esto con fines comerciales; se sabe que lo que hace a un estímulo interesante va en orden de prioridades: todo lo que implique interacción (participar activamente), el cambio (hace que no aburra), el movimiento (no monótono), utilidad en cosas cotidianas (ejemplos), el color y el sonido. Si un maestro o padre puede lograr todo esto en un estímulo, casi no habrá niño que no pueda atender el tiempo suficiente.

El Dr. Laureano Marcón nos cuenta qué pasa en nuestro cerebro cuando aprendemos

Por último hay muchas cuestiones que pueden modificar el acceso al aprendizaje. Cuestiones bastante instintivas del cerebro como si tiene frio, hambre, dolor, si está preocupado, con ganas de ir al baño o sueño, etc. No se interesará por el estímulo y no aprenderá.

No todos aprendemos lo mismo de la misma manera ya que como vimos no todos tenemos las mismas habilidades. Las habilidades se heredan y su desarrollo se estimula. Hay estrategias para enseñar lo mismo de distintas maneras. 

Para intentar explicar esto: usemos el “ejemplo de la tortilla”.

Si la maestra nos cuenta con todos los detalles y proporciones de ingredientes como hacer una tortilla de papas, solo el 10 % de los alumnos al cabo de una semana tendrá idea de qué se trata y seguramente nunca podrá hacerla. Si tomamos nota y repasamos, el 30% podrá hacer algo parecido en su casa. Ahora si la maestra les muestra un video y/o la hace frente a ellos, a la vez que toman nota y explica, el 90% de los alumnos sabrá qué es hacer una tortilla, el 50% recordará gran parte de los ingredientes, pero muy pocos sabrán hacerla en su casa.

Si la maestra muestra cómo hacerla y los alumnos la hacen en el aula, el 90% recordará casi todo acerca de la tortilla de papas y la mayoría será capaz de hacerla (praxias), recordarán las texturas, olor, colores de los ingredientes, cómo se combinan y transforman con la cocción, etc.

Aún mejor, si la maestra, la hace y reúne a los alumnos en grupos de a 4, la van haciendo de a uno mientras los otros miran y acotan, los niños aprenderán mucho más de los errores de sus pares en el proceso,  que del modelo de la maestra.