Medio Ambiente

Animal silvestre ≠ Mascota

Hace poco, en el barrio de La Florida de Mar del Plata, un puma se escapó de una casa y anduvo suelto un tiempo, poniendo en riesgo la seguridad de las personas y la del mismo animal. Esto generó en nosotros la pregunta de cómo puede haber personas que tengan un ejemplar salvaje como mascota.  Así volvimos a encontrarnos con un tema que creíamos había bajado en su actividad. Tristemente nos enteramos que no.

Parece increíble pero todavía se siguen comercializando animales silvestres. Dicen informes de diferentes fuentes que, luego del tráfico de armas y drogas, el de animales silvestres es el negocio ilegal más redituable de la actualidad. Y, vale aclararlo, una actividad económica por demás destructiva. En el mundo mueve alrededor de 20.000 millones de dólares anuales. En la Argentina se calcula que 400 millones de pesos.

Nuestro país, al tener gran variedad de climas y ecosistemas, esta actividad se da con mucha frecuencia. Mucho más de lo deseable. Es un lugar de tráfico y de tránsito hacia otros mercados más redituables. Somos en mayor medida productores y en menor rango, pero no por eso menos importante, consumidores de las especies silvestres.  

En general se comercializan animales vivos para abastecer el mercado de mascotas como, por ejemplo, loros, pájaros, monos y tortugas. Los cueros y las pieles de felinos, zorros, boas, lagartos y yacarés también son traficados, pero se los utiliza para fabricar indumentaria, accesorios y adornos.

El tráfico ilegal involucra a varios actores. Parte desde alguien que obtiene el ejemplar, luego llega a quien lo acerca hacia centros donde existe la demanda, y por último, está el que desea pagar una suma de dinero para tenerlo. Un ejemplo: a la vera de la ruta 11, a pocos kilómetros de Resistencia, Chaco, la oferta de animales exóticos está a la vista. Monos Carayás y pájaros se consiguen por apenas 20 pesos. Ya en Resistencia el precio de los monos es más alto. Y del otro lado del Paraná, en la ciudad de Corrientes, médicos veterinarios se comprometen a conseguir un animal por 100 pesos. Y en Buenos Aires, el Mercado de Frutos de Tigre, lejos de la Mesopotamia, el mismo ejemplar multiplicó su costo unas treinta veces. Y algo parecido sucede en plena Capital Federal, y es probable que en otros centros urbanos del país, donde los ofrecen a 400 pesos.

Se utiliza el sistema de rutas nacionales para canalizar la ‘mercadería’ a los principales centros de consumo o reventa, como Buenos Aires y Córdoba. Esto se realiza con camiones que portan otro tipo de mercadería y obtienen ingresos extras por esta actividad.

Un tema más: el tráfico, no sólo exporta miles de ejemplares al año a otras zonas del país o al exterior, sino que, importa nuevas especies intrusas o invasores biológicos que operan que no están preparados para vivir en su nuevo ambiente. Allí se reproducen y comienzan a destruir el normal funcionamiento de la vida silvestre. Hay más de 300 especies de plantas y no menos de 50 de animales exóticos introducidas.

¿Por qué?

Un factor fundamental que sostiene el tráfico de fauna es la relación entre la pobreza y el deterioro ambiental. La destrucción de la naturaleza causa mayor pobreza, porque con menores recursos naturales no hay oportunidades de subsistencia. Los lugareños ven en la venta de las especies exóticas su única manera de sobrevivir. Esta gente suele ser la más afectada por el deterioro ambiental.

Las áreas de reserva y protección cubren unos 15 millones de hectáreas, cerca del 5 % del territorio del país. Pero se sabe que un 80 % de los parques carece de instrumentos necesarios para conservar eficazmente los ecosistemas y especies protegidas.

Especies en peligro

Las especies en extinción son, paradójicamente las más codiciadas: tortuga, iguana, boa chica, cardenal, jilguero dorado, zorrino, zorro gris, puma, liebre criolla, y vizcacha, se venden vivas como mascotas o para danzas exóticas (sobre todo las boas). O muertas, donde sus pieles son vendidas a talabarterías (casas que trabajan el cuero) o negocios de artesanías.

Se calcula que de “un envío” de especies silvestres, desde su punto de origen hasta el destino final, sólo un 50% llega con vida. Es que los ejemplares son sometidos a maltratos, viajan encubiertos de las maneras más impensadas y crueles; por esta causa muchos perecen o llegan en estado tan lamentable que no pueden ser comercializados. Por lo tanto son sacrificados para aprovechar su cuero o piel.

De dónde:

Corrientes

 Misiones

Formosa

Chaco

Hasta dónde:

Países de Europa.

Estados Unidos.

Japón.

Podemos ser guardianes

Como en toda subsistencia de un negocio, la base, el generador, son los compradores. Si no hay quien pague por algo, eso, decididamente deja de existir. Por eso, no compres o alientes la compra de un animal silvestre. Es un delito, un acto de crueldad y es peligroso para él y para vos. ¡Seamos guardianes de la naturaleza!