Educación

Quino, genio de los tiempos

Su trabajo sigue dando la vuelta al mundo con la misma actualidad que el primer día. Intimidades de un maestro del humor. Y de la reflexión.

por Agustín Marangoni

En la obra de Quino, el humor le ganó al tiempo. Será que el tiempo se empeña en repetirse, en trazar ciclos como espirales, que parecen cambiar de rumbo pero giran siempre sobre el mismo eje. Quino captó esa secuencia desde el primer día. Mostró con humor los puntos débiles de la sociedad. Empezó en Argentina, observando, leyendo. Y sin querer habló del mundo entero. No es casualidad que sus tiras se hayan traducido a treinta idiomas y se vendan como pan caliente en más de sesenta países, algunos muy lejanos, como China, Japón y Finlandia. Dicen que el humor viaja mal en la historia y el espacio. Lo que era gracioso hace cien años, difícilmente conserve su efectividad. Lo mismo con las distancias: los códigos para alcanzar la risa son propios de un lugar. No son exportables. Sin embargo, parece que los grandes creadores quiebran esas barreras. Tal es el caso de Quino, autor de las páginas más fuertes y sensibles de la historieta argentina.

Ideas

Sus primeros trabajos, en el año 1954, despertaron dudas entre los editores. Era un muchacho de 22 años, recién llegado a Buenos Aires, vivía en pésimas condiciones económicas y sus dibujos eran bastante malos. Pero sus ideas eran brillantes. Era tal el contraste que en cada redacción donde dejaba una copia de sus tiras sospechaban que robaba los diálogos. Quino recuerda con una sonrisa esas épocas. Había abandonado la carrera de bellas artes bajo el argumento que un humorista no necesitaba nada de lo que enseñaban ahí. Se equivocaba, claro. Una buena tira también se nutre de una imagen lograda. Así fue que, finalmente, decidió formarse como dibujante profesional. Años después y a pesar del reconocimiento de sus colegas y de los lectores, Quino nunca destacó sus virtudes como artista visual. Sí se ha mostrado conforme con las ideas que desarrolló. Él dice que su único secreto es el exceso de paciencia. Asegura que es capaz de trabajar cuatro días en una línea de diálogo, aunque no siempre el resultado sea el más interesante.

Política

En sus primeros trabajos no buscaba la reflexión política, por el contrario, intentaba alejarse lo más posible. Con los años, su lectura social se fue agudizando y las situaciones que creaba estaban siempre enlazadas a problemáticas humanas. Son las discusiones –dice– que se repiten desde el inicio del mundo, con la misma intensidad y con los mismos responsables. El humor es su herramienta principal para exponer puntos de vista. Y aunque está convencido que con el humor no se puede cambiar el rumbo de la sociedad, sabe que una historieta puede despertar una chispa de conciencia para pensar desde otro ángulo. “Por lo menos dibujar me divierte, es lo único que tengo”, suele decir. Nunca se definió políticamente, pero su foco crítico siempre fue el hombre. Según su definición, es la única criatura que se perjudica a sí misma, probablemente porque piensa.

Técnica

Quino es un obsesivo del trabajo. En sus épocas de mayor actividad, se iba a dormir con un block de hojas y una lapicera para anotar las ideas que surgían entre sueños. Sus tiras nacen en un boceto. Una vez que tiene la idea y los cuadros resueltos, dibuja en lápiz hasta el último detalle. Después borra sutilmente a medida que va entintando las líneas con plumines franceses Blanzy o una Rotring 0,1, 0,3 o 0,5, de acuerdo al trazo que necesita. Usa papel Fabriano F4 o Zanders / Stern de 24,5 x 32 centímetros, porque es el formato más grande que puede escanear. El noventa por ciento de su trabajo fue editado en blanco y negro. Tiene guardados todos sus originales. Son miles. Están en folios con fecha y lugar donde fueron publicados. Los bocetos que no fueron desarrollados también los tiene guardados. Ese archivo es una gran usina de ideas cuando no encuentra inspiración. Fiel a su autoexigencia, Quino asegura que nunca está del todo conforme con sus tiras. Siempre se queda con la sensación que si hubiera tenido más tiempo los trabajos habrían salido mejor. Toda su vida entregó el material tarde o sobre el último minuto.

Música

Su debilidad es el humor atemporal. Prefiere dedicarle más tiempo al análisis de los problemas en profundidad que a dejarse llevar por los títulos del día. La inspiración, más allá del periodismo, le llega con la música. Quino disfruta de ir a conciertos, en especial porque se siente cómodo para pensar. Incluso la cadencia de los diálogos, la extensión y la elección de las palabras están muy ligadas a la música que escucha mientras piensa. La música –la música en sí misma– ha sido uno de los temas que más dibujó. En su libro Ni arte ni parte (Editorial Lumen - 1981) dedicó la mayoría de las páginas a mostrar momentos delirantes de sinfonías, directores de orquesta, hombres y mujeres que intentan tocar un instrumento, sátiras a óperas y más. Quino dice que siempre sabe lo que tiene ganas de escuchar. Mozart, Bach y Los Beatles son sus artistas favoritos. Pero la música es sólo para pensar. Su estudio está en silencio al momento de dibujar y pulir conceptos. De lo contrario se distrae.

Mafalda

Quino renegó toda la vida de Mafalda, su creación máxima. Todavía intenta hablar lo menos posible sobre el personaje y hasta le guarda algún rencor. Y no es algo nuevo. En 1972, cuando todavía la dibujaba para el semanario Siete días, ya había analizado la posibilidad de abandonarla. Sentía que dibujar esa familia de personajes lo encasillaba y lo perjudicaba como artista. “Mafalda me frustró como dibujante, me echó a perder. Sin embargo, a veces le tengo cariño, otras veces le tengo rabia”, dijo en un reportaje histórico que le realizó Osvaldo Soriano. Quino siempre prefirió sus tiras políticas, sus dibujos irónicos, sin embargo la popularidad de Mafalda se le fue de las manos. Todavía se editan millones de ejemplares en todo el mundo. El único tropezón que tuvo fue la película que se editó en 1982, bajo la dirección de Carlos Márquez y guión de Alberto Cabado. Las voces de los personajes no cayeron bien entre el público. Básicamente fue un fracaso y Quino pidió sacarla de circulación lo antes posible. Desde ahí en adelante, se convenció de que aquello que nació para el papel debe continuar en el papel y nunca saltar de formato. A pesar del éxito, Mafalda, para Quino, es sólo un dibujito. Lo dice así, sin vueltas.

Despedida

En una carta que publicó en la Revista Viva, en abril de 2009, Quino comunicó que se retiraba del dibujo. El motivo: la falta de ideas. En pocas líneas que tuvieron repercusión mundial, explicó que todavía está asombrado de la vigencia de sus trabajos, muchos de ellos realizados hace cincuenta años. “Esto prueba que tantos problemas que hoy nos agobian vienen repitiéndose gracias al talento que pone la sociedad en reciclar sus errores", explicó. Entonces, le pareció acertado tomarse un tiempo hasta encontrar algún modo de renovar el enfoque de sus ideas o al menos alcanzar nuevas formas en su línea gráfica. “Lamentablemente, al día de hoy no he sabido encontrar la fórmula de tales cambios”, señaló antes de decir adiós. Tiempo después se supo que Quino tiene complicaciones serias en la vista. El esfuerzo para dibujar es tanto que ya no puede trabajar con comodidad. Lo mismo con el pulso. Los años ya no le permiten seguir su línea característica. De ahí su despedida. Actualmente vive en España. Descansa y cada tanto acepta participar en charlas y coloquios, donde los fans se acumulan para que les firme ejemplares de sus libros. Él, siempre agradecido.