Educación

Pensemos con Tonucci

Francesco Tonucci es un pensador, psicopedagogo y dibujante italiano. Es autor de numerosos libros y artículos sobre el papel de los niños en el ecosistema urbano. Sus ideas remueven los cimientos de lo que pensamos sobre el juego, el tiempo libre y la escuela.  Preparate. 

Jugar para un niño es la posibilidad de recortar un trocito de mundo y manipularlo, sólo o acompañado de amigos, sabiendo que donde no pueda llegar lo puede inventar. Así define el juego, el juego libre que es la verdadera necesidad del niño.

La escuela disfruta de la diversidad. Los puntos de vista distintos constituyen el motor indispensable de la acción educativa: ponen de manifiesto contrastes o contradicciones, solicitan comparaciones: progresivas y profundizaciones posteriores.

“Hay un conflicto que los niños notan: Los adultos los quieren mucho, pero los escuchan nada"

Todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando en la primera etapa de vida (de 0 a 6 años).

Si los chicos son distraídos, la culpa es de la escuela porque no ofrece cosas interesantes. El tema es que en la escuela se aburren y hay que evitarlo a toda cosa.

El juego es placer y no soporta vigilancia y acompañamiento. La autonomía es un camino que se enseña poco a poco y debemos fomentarla para que su juego pueda comenzar a ser menos vigilado y acompañado y pase a ser un juego libre.

Se deberían tener pocos juguetes pero buenos. Un juguete bueno es aquel que sin ser nada concreto puede ser todo.

Darles tarea es un abuso que saca tiempo al juego, que es uno de los derechos que la Convención reconoce a los niños.

Que los padres jueguen con los niños es perfecto si realmente los padres quieren jugar, sin fingir ni sentirse obligado. Pero tengamos presente que la verdadera necesidad del niño es jugar con otros niños libremente y tener la posibilidad de jugar con niños de diferentes edades.

Los juegos son seguros si lo utilizan para jugar libremente, es decir: si lo usan para lo que necesitan usar. Por ejemplo: unas tijeras de verdad, si las usan para cortar como las usamos nosotros, serán seguras!

Los adultos nos olvidamos de que fuimos niños. Parece una condena que, para llegar a ser adultos, tengamos que olvidarnos de la niñez.

Nos arremolina las ideas, por suerte. Y eso es muy bueno. ¿Querés conocer más sobre su proyecto La Ciudad de los Niños? Web de Tonucci