Educación

Lo escencial… es inmutable al tiempo  

Por Lorena D´Ercole

A la luz de las primeras lamparitas eléctricas, se fueron desvaneciendo los últimos faroleros del mundo; los geógrafos han reemplazado cartografías y astrolabios por herramientas informáticas y sin embargo ese niño, que una vez un aviador llamó “El Principito”, continúa emocionándonos con la misma imperturbable magia de siempre.

Es que así son los clásicos. Trascienden épocas, tiempos y contextos; le hablan a ese hombre, a ese niño universal  que nos habita. Tocan su corazón con palabras simples. Le hablan de emociones dormidas, de sueños, de esperanzas. Hablan del amor y de la amistad. De la importancia de una rosa igual a tantas, pero única en todo el universo.

Hay muchos datos que me niego a poner. Podría escribir el año en que fue publicada por primera vez esta novela, la cantidad imposible de idiomas a los fue traducida, la edad a la que murió el autor, el número de ejemplares vendidos en todo el mundo. Todos datos sencillísimos de solicitarle en un solo click a Don Google y que a todos nos dejarían muy contentos. Pero el Principito nos habla de otra cosa. “A los mayores les encantan los números”– observa - “ Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" En cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?".

El principito nos vuelve esenciales. Nos devuelve al territorio virgen de las preguntas,- no a ese tan trillado de las pretendidas respuestas-. ¿Acaso una rosa no es importante? ¿Acaso no es importante el bozal para un cordero? “Nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números” sentencia Saint de Exupery en boca del aviador.

Y evidencia tanta verdad dormida. ¿Para qué cuenta tantas veces ese señor las estrellas? ¿Para qué sigue bebiendo ese señor? “Bebo para olvidar que soy un borracho”, contesta absurdamente el señor Beodo. Realidades adultas, paradojas imposibles para los niños. El territorio de lo adulto es el terreno de lo absurdo. Reyes que buscan ser obedecidos, vanidosos que buscan ser admirados, hombres que parecen ser hongos. “¡Escúchate!” le reprocha en un instante de enojo el Principito al aviador. —¡Hablas como las personas mayores!—¡Lo confundes todo… todo lo mezclas todo… !” Y la sentencia se vuelve lapidaria. El aviador se avergüenza. En el mundo del Principito, parecer un adulto es señal de haber errado el camino. Lo puro, lo auténtico, lo certero se establece exclusivamente en el espacio de la infancia.

Que el Principito siga vigente, que hombres, mujeres y niños en distintos países y distintos idiomas lo sigan leyendo y se sigan conmoviendo, es quizás un buen augurio. La evidencia de que de alguna manera somos -nosotros, los humanos- también eso. En un contexto que nos lleva a ser, querer ser y creer que somos gente útil, necesaria y productiva; el Principito nos devuelve a la belleza de lo inútil, de lo esencial, al resplandor de un pozo de un agua tiritando una noche oscura en un desierto, a estrellas que saben reír  en el cielo como si fuesen cascabeles.

Se dice que…

…la inspiración de esta obra surgió en un viaje de Saint de Exupery a Concordia, Entre Ríos, dónde fue recibido en el Palacio San Carlos de la familia Vallon, cuyas hijas –rubias, con un zorro de mascota y serpientes que se deslizaban tranquilamente entre sus pies- se burlaron de él en francés, desconociendo que era ese su  idioma natal.

el personaje de la Rosa, esta inspirado en la salvadoreña Consuelo Suncin, conocida como  "la Scherezade de los trópicos", con quien mantuvo un atormentado matrimonio durante más de una década.

…los baobabs simbolizan el régimen Nazi y la necesidad de erradicarlo desde sus inicios de  la Tierra para evitar su destrucción total como planeta.

El principito en el mundo

Hace un par de años, cuando se cumplieron 70 años de la muerte de Saint de Exupery, su obra se volvió libre de derechos de autor, patrimonio de la humanidad. Desde entonces han proliferado los homenajes e interpretaciones; libros de comics, de ilustraciones, versiones libres.

Destacamos especialmente: Invisible a los ojos, una versión digital que convocó a más de 550 ilustradores de toda América Latina y en la que fueron seleccionados 160 para ilustrar todos y cada uno de los capítulos de esta pequeña gran obra. Así se definen en su manifiesto: “27 capítulos. 27 excusas para ilustrar, diseñar, re-crear. 27 tributos para una versión colectiva, combativa y digital de altísima calidad. Más de 550 ilustradores postulados. 160 ilustradores seleccionados. Trabajo mancomunado, desinteresado, creativo y latinoamericano. Que sea invisible a los ojos. Y que sea de todos. Podés disfrutarlo en www.invisiblealosojos.com

Parque de Petit Prince

Imagínate una especie de Ital Park. Ahora imagínatelo mucho más grande, mucho más impactante, mucho más sorprendente, tematizalo con el Principito ¡y ahí lo tenes!: El primer gran parque aéreo del mundo. Podés viajar a Alsacia al noreste de Francia, y recorrerlo. O mientras tanto podés ir conociéndolo por aquí: www.parcdupetitprince.com

Y si de todos modos te quedaste esperando algunos números:

 -                      El principito es  el tercer libro más vendido en el planeta.

-                      Ha sido traducido a más de 250 idiomas y dialectos.

-                      Se han  vendido  más de 140 millones de ejemplares en todo el mundo-.