Cuentos

¡Vamos, don José, adelante con fe!

Acto único

Personajes

José de San Martín

Mujeres 1, 2, 3, 4 y 5 

Hombres 1, 2, 3, 4 y 5

(La acción transcurre en una plaza de Mendoza. San Martín y gran parte de los habitantes de la zona se encuentran allí.)

San Martín: Pueblo mendocino, mujeres y hombres aquí reunidos, ¿están de acuerdo conmigo en que es preferible ser libres e independientes y construir un país verdadero o quieren depender siempre de un rey extranjero?

Mujer1: Queremos ser libres, don José, y por eso estamos dispuestos a seguirlo a usted.

San Martín: ¿Saben que para ser independientes vamos a tener que luchar con uñas y dientes?

Hombre1: Pero… los españoles luchan con fusiles, con armas de fuego, con cañones. ¿No le parece que si luchamos solo con uñas y dientes vamos a estar en peores condiciones?

San Martín: Sí, claro, tiene razón. Pero era solo una expre-sión. Una manera de decir que vamos a tener que pelear con todas nuestras fuerzas para que a nuestra voluntad de ser libres nada la tuerza.

Hombre2: Ya tenemos el coraje y la decisión, pero con eso no alcanza. También vamos a necesitar armas.

San Martín: Así es. Y si ustedes realmente valoran la libertad, será necesario que donen todo lo que sea de metal, para transformarlo en cañones y balas, fusiles y espadas.

Mujer 2: Yo puedo darle muchas ollas, de buen hierro que no se abolla.

Hombre 3: Yo tengo muchas cacerolas, y no me importa si no me queda ni una sola.

Mujer 3: Yo tengo una enorme sartén.

San Martín: Cualquier cosa vendrá bien. Además, necesitaremos telas y costureras, porque el ejército debe llevar banderas.

Mujer 4: Eso no será problema. Las mujeres de Mendoza le daremos lo necesario, y no faltará quien cosa.

Hombre 4: Cuente con todo nuestro apoyo. Si necesita llevar alimentos, le daremos hasta la última vaca y el último pollo.

San Martín: Muy bien. No solo necesitaremos armamentos, banderas y alimentos, porque nos proponemos algo grande: la única manera de lograr la libertad será cruzar la cordillera de Los Andes.

Hombre 5: Eso es muy difícil, ¿le parece realizable? ¿No cree que es una hazaña inalcanzable?

San Martín: Si nos detenemos ante la dificultad, lo que será inalcanzable es la libertad.

Hombre 1: Entonces, ¡que nada nos frene ni nos detenga! Usted indique el camino, y seguiremos su senda.

San Martín: En este momento el camino es dar todo lo que cada uno tenga. Hacen falta frazadas, caballos, mulas, vendas. Y aunque tenemos un ejército valiente, no contamos con dinero suficiente. 

Hombre 2: Yo le puedo dar mi reloj de oro.

San Martín: Para nosotros será un tesoro.

Mujer 1: Yo soy pobre y no tengo nada, pero puedo dar mi tiempo y mis ganas.

San Martín: Eso también es muy valioso. Es la capacidad de dar lo que nos hará poderosos.

Mujer 2: Yo tengo anillos, aros, collares y pulseras, y estoy dispuesta a darle todo lo que quiera.

Mujer 5: ¿Le va a dar sus joyas? ¿Está loca? Creo que se equivoca.

Mujer 1: ¿Para qué quiero collares y pulseras si no puedo ser libre como quisiera? 

San Martín: ¡Bien dicho! De nada sirve el dinero si el país está prisionero.

Hombre 3: ¿Qué más necesita, don José? 

San Martín: Ahora lo único que necesito es que estemos unidos y que tengamos fe. ¡Pongamos en esta lucha todo nuestro corazón para que la independencia deje de ser una ilusión!

(Telón.)

Del libro Teatro e Historia ¡Cantemos Victoria! de Adela Bash y Didí Grau / Ilustraciones: Didí Grau. Colección Cabayo Bayo. Ediciones Abran Cancha.