Cuentos

Tardecita, de Verónica Delacroix

Orión Fresquelli estaba sentado en el living de su casa, tomando la merienda, de vez en cuando dejaba de hacer los ejercicios de matemáticas, y miraba por el ventanal que daba a la calle mientras le daba sorbitos al café con leche.

La tarde estaba preciosa y Orión tenía ganas de ir a dar una vuelta, o de ir a lo de algún amigo, pero no podía, la mamá le había dado un ultimátum:

¡¡¡terminas la tarea, o.....!!! puntos suspensivos. Así que no le quedaba otra,  -¡a estudiar Orión! pensó frunciendo el seño.

En eso estaba cuando en una de esas miró para afuera y ¿qué vio?, en su vereda, ¡¡¡un par de pantuflas caminando!!!, ¡¡¡naranjas, centelleantes y de peluche!!!… vio las pantuflas, vio los pies y más arriba la vio a ella, y a sus ojos verdes claritos y se enamoró. ¿Quién es esa chica tan linda y tan atolondrada que usa pantuflas en la calle y se ríe sola? Tenía que averiguarlo…

Naila Valiente se había mudado esa misma mañana al barrio, a la casa de la abuela. Esa tardecita después de ordenar sus cosas podía ir a dar una vuelta a la manzana, le dijo su mamá, y así lo hizo, puso la última taza en su lugar (Naila coleccionaba tazas desde que su abuela le había regalado la primera cuando cumplió ocho años) se puso la campera, un gorrito y salió a la calle...

Tardecita, de  Verónica Delacroix

Caminó unos metros y de repente miró al suelo y ¿qué vio?, ¡¡¡brillantes como dos soles las pantuflas la saludaban desde abajo!!! -¡¡Qué distraída Naila!!- se dijo (a veces se hablaba en voz alta).

- ¡¡¡Bueno!!! ¡¡ Ya está!! ¡ Ya salí! ¡Doy la vuelta y listo!- y riéndose siguió caminando. Entonces al pasar por un ventanal algo le llamó la atención, más precisamente, una taza celeste con flores azules, ¡qué linda es!, ¡justo para mi colección!… vio la taza, vio la mano que la sostenía y más arriba lo vio a él... y a sus ojos celestes como el color de la tasita y se enamoró, ¿quién era ese chico que miraba tan serio por la ventana? Tenía que averiguarlo …

Orión de los nervios sonrió y Naila de vergüenza se puso seria, hasta que se escucharon voces aguditas que dijeron con tono de burla:

-¡Ay, qué tonta!! ¡¡Salió en chancletas!! ¡¡¡Y son horribles!!! ¡Ji,ji ji !-

Naila no sabía de quién eran las voces ni de dónde venían, así que apuró el paso y se fue doblando la esquina. Orión sí sabía…¡las vecinas!, eran las amigas de su hermana Hada: Mínima y Caléndula, que no eran malas, no, pero eran insoportables. Y ahí estaban las dos con su hermana mirándolo cómo miraba a Naila y a sus pantuflas…

Rojo de bronca, se dio vuelta, al tiempo que las tres le cantaban ¡¡tiene noovia, tiene nooovia!!

-¡¡Basta!! -gritó Orión enojadísimo y se encerró  en su cuarto a terminar la tarea.

Más tranquilo, Orión pensaba cómo haría para ver de nuevo a esa chica y la verdad no se le ocurría nada, no sabía dónde vivía ni cómo se llamaba y eso lo hacía muy difícil.

Naila sabía donde vivía Orión, sí, pero no sabía su nombre y aunque lo supiera, se había burlado de ella y eso no le gustaba nada.

- ¿Orión sabés qué? -le dijo Hada al otro día. La vi a tu novia, la de las pantuflas, vive acá a la vuelta, al lado de la despensa, y ¿sabés que me contaron las chicas? Que se llama Naila Valiente y que se mudo hace poco, y que...

- ¡Shh! ¡¡¡callaate nena!!! - ¡¡¡no me interesa!!! -le grito Orión… pero era mentira.

Naila ayudaba a la abuela a barrer la vereda y a cortar los yuyos cuando escuchó unas vocecitas agudas que le hablaban:

- ¿Hola, vos sos Naila?

Se dio vuelta y ahí estaban Mínima y Caléndula que la miraban sonriendo.

- ¡Vos sos la chica de las pantuflas!, ¿andás siempre en pantuflas por la calle? El chico de acá a la vuelta, Orión Fresquelli dice que son feas. Pero para nosotras nada que ver, ¡¡son re lindas!! ¿en tu barrio andaban siempre en chancletas? ¿eh? ¿si?...

Naila aturdida por las preguntas les dijo solamente ¡no!, ¡chau! y entro rápido a la casa pensando: Se llama Orión…

- ¡¡No quiero volver a verlo!! -dijo en voz alta… pero era mentira.

De repente Orión se ofrecía para ir a hacer los mandados a la despensa, cuando salía del almacén disimuladamente se fijaba si Naila se asomaba a la ventana. Naila salía con frecuencia a dar vueltas a la manzana con la excusa de sacar a Pelusa (el perrito de la abuela) a tomar un poco de aire, mientras tanto miraba el ventanal de reojo esperando ver a Orión y a sus ojos celestitos.

Pero ninguno de los dos se animaba a hablarse, hasta que un día pasó…

Orión iba como siempre a hacer un mandado, Naila sacó a Pelusa a pasear y a mitad de cuadra ¡Zas!, se cruzaron.

- ¡Hola!! em... ¿Qué tal? - dijo Orión haciéndose el canchero.

- ¡Vos te reíste de mi! -le dijo Naila Valiente -¡vamos Pelusa! Y siguió caminando.

- ¡pero yo… no…!! - le alcanzó a decir Orión, rojo como un tomate, y se acordó de las tres chiquitas burlándose de Naila.

¡¡Con lo que le costó animarse!! Orión pensó que de alguna manera tenía que hablar con Naila y explicarle que no era así, que no había sido él… y se le ocurrió algo.

 Aunque su hermana y las amiguitas lloraban de la risa cuando lo vieron, Orión salió a la calle y dobló la esquina para el lado del almacén, caminaba despacito repitiendo en voz alta lo que pensaba decirle a Naila, mientras desde abajo ,en sus pies, brillaban como manzanas un par de pantuflas verde clarito (regalo de su abuela cuando cumplió ocho años).

 Fin