Cuentos

Para Compartir: SUSY, LA NOTA SIMPÁTICA

de Mavira Dillón (Inédito)

Fueron tantas y tan hermosas las notas de esa noche en el concierto, que casi no sabía cuál elegir. Prefería a Susy, la nota simpática. ¿Por qué Susy? ¡Hummm!... Porque fue la más pícara de todas y la más hábil. Ahora, ahora se los contaré.

La orquesta tocaba y tocaba hasta que llegó el final de la obertura.

-¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo! – decían a gritos todos aplaudiendo.

Entonces Susy pensó: - Aprovecho ahora que están todos tan distraídos con el ruido de los aplausos y me escapo-.

Así fue como despacito, despacito, salió de la partitura: primero sacó una patita, luego la otra. ¡SHHH! Sin hacer ningún ruidito, se escurrió por la base del atril, dio un saltito a la pollera de la oboísta, resbaló por la cara del violonchelo que la miró muy sorprendido y de allí, ¡por fin! Al suelo. ¡Qué feliz se sentía! Se había escapado y nadie, nadie se había dado cuenta, fuera del violonchelo, ¡claro! Pero ella le puso una cara tan, tan fea que el pobre se asustó y no dijo nada.

Comenzó a correr por el piso del escenario; corría como una loca, daba pequeños saltitos hacia delante y hacia atrás, a un costado y al otro, levantaba ágilmente una patita, como había visto hacer tantas veces a las bailarinas, mientras estaba tan quietita y tiesa como las otras notas dentro de las rayas del pentagrama. Pero ahora está suelta, SUEL-TA y PODÍA HACER LO QUE QUERÍA.

Por eso se puso a hacer rolling entrando y saliendo del escenario, le sacaba la lengua al público, correteaba entre los pies de los músicos, pasó frente a la ventanilla del apuntador y le hizo un guiño.

Pero de pronto, empezaron a apagarse las luces, los músicos empezaron a afinar los instrumentos y… ¡eso fue lo más terrible de todo!

La señora flaquita que tocaba la tuba miró sus partituras y, de golpe, notó la falta del si. ¿Dónde estaba el si? ¿Qué hacemos sin el si? ¿Cómo interpretamos este movimiento del concierto sin el si? Entonces empezó a dar golpecitos a la tuba, para ver si caía de adentro, ¡pero claro! De adentro no apareció, porque no estaba… ¿Dónde estaba Susy? Ni ella misma lo sabía, porque corría desenfrenadamente como una loca, antes de que el director entrara y comenzara el primer movimiento del concierto. Pasó corriendo entre los trombones y, casi, casi la aplastan esos dos grandotes bochincheros, le dio un pellizquito al piano que le sonrió con todas las teclas, se zambulló entre las cuerdas del violín y cuando pasó al lado del arpista, la vio el trombonista gordo y la ayudó a subir a la partitura, justo, justo cuando el director daba la señal de ataque. Todas las compañeras de la fila habían estado muy preocupadas, el fa, el do, el la bemol y hasta el re sostenido, a quien no le caía muy bien. Pero cuando la vieron llegar, corriendo agitada pero muy sonriente, se tranquilizaron, miraron otra vez al director y mientras el si se acomodaba entre las líneas rígidas del pentagrama, todas, todas se pusieron a cantar. ¡Ahhhh, claro! Y también lo hizo Susy.

La próxima vez que vayas al teatro, mirá bien arriba del escenario que quizás ande por allí Susy, la nota simpática haciendo picardías.