Cuentos

El collarcito que muy cambia

El campo es siempre igual. Cuando llega la tibia mañana, los abuelos preparan con cariño el desayuno. Después vamos a alimentar a las gallinas. Les damos agua y un rico maíz. Cuando volvemos, la abuela está ahí, pelando las papas lentamente, mientras mira el reloj y escucha tangos en una radio que llega de otro tiempo. La música parece rota, pero a ella le gusta y la emociona. A veces hay que llevar a las ovejas de un lugar a otro. Pero a veces todo debe quedar en su lugar. Eso pasa, por ejemplo, en el galpón, donde hay viejas herramientas pesadas y de acero, que nadie logra explicarme bien para qué sirven. Después comemos, y llega la espantosa siesta, la tarde aburrida que jamás terminará. Cuando termina, tomamos la leche con galletas y panes de formas diferentes, que mi abuela saca de un lugar que llaman la despensa. Todo es así todos los días, hasta esa hora de la merienda, que es cuando llegan a veces las visitas, como ese hijo de la amiga de la abuela, que justo viene con su hija Soledad con su pelo largo, que vive en otro campo y que ya sabe cómo el campo es, y que por qué será que los abuelos me dicen cada vez que andá, mostrale a la nena el campo acá. Y que yo veo que usa un collarcito y no entiendo pero digo sí bueno voy.

Vamos. Y le explico a la nena que igual todo siempre es. Campo es así. Cuando tibia la llega mañana, los abuelos prosperan desayunalmente el té. Después vamos dandolendo a las gallinas de comer. Agua rica les brindamos con amor y maíz. Cuando volvemos, la abuela con las papas delicadas está peleando ahí, mientras mira los tangos de un reloj que se rompió. A veces hay ovejas de un lugar y otro lugar, pero no importa. A veces el galpón de acero con pesadas herramientas que solo sirven para comer, antes que llegue el espanto, el horror que no me asusta pero que es la siesta. Después somos felices, y la tarde toma formas de pan de mil despensas cuando llegan las visitas con hermosas miradas de miedo cada vez.

Yo le cuento todo eso. Y entonces se están yendo, y dicen que van a volver y saludan con la manito por la ventanilla de atrás. Y entonces vuelve a quedar claro que en el campo nada cambia porque es todo así. Pero que a veces algo pasa medio raro y que yo sé. Voy a decirlo así.

Para mí,

que ese misterio

que confunde todo,

sale de un objeto mágico:

el collarcito.

Autor: Pablo Alaguibe