Cuentos

Cuento para Compartir: Ana juega a la pelota

En la vereda.

En la calle.

En el recreo.

–Una nena como vos debería jugar a las muñecas y a la casita –dice la abuela.

La mamá agrega: –Si seguís con esa pelota, te voy a mandar a estudiar música, inglés y bordado.

La maestra insiste: –Las chicas que juegan a la pelota parecen varones.

Ana está triste y llora.

En la vereda.

En la calle.

En el recreo.

Un día encuentra a Clarisa, una compañera de colegio que vive en la otra cuadra.

–A mí también me gusta jugar a la pelota –le cuenta.

–Y yo, de vez en cuando, hago un picadito con las señoras del curso de cocina –secretea la tía Pitinga sin que escuche la abuela. La prima Raquel, que tiene la misma edad que Ana, le cuenta que juega a las muñecas, a los autos y a la pelota cuando los chicos del barrio necesitan un buen arquero.

Ahora Ana está trepada al árbol del fondo de su casa y piensa. Piensa. Piensa mucho.

Al rato baja.

Se va con Clarisa a jugar a las muñecas.

Después se cruza a la casa de Mariano, el hijo del ferretero, y arman una pista de autos.

En el campito de la esquina juega a la pelota con los chicos y con Clarisa.

Para darle el gusto a la mamá, a la abuela y un poquito a la maestra, se pone a estudiar música: elige batería.

“¡Chi-chi-pum! ¡Chi-chi-pum!”, se escucha en todo el barrio.

También va a inglés, porque quiere cantar rock. Y aprende a bordar dragones sentada sobre la rama más baja del árbol.

Ahora, eso sí, cuando está en la vereda, en la calle, y en el recreo juega a la pelota.

De vez en cuando se escucha un “¡Gooooooool! ¡Goooooooooooool de Anita!”.  Es la hinchada que no para de alentar.

Del Libro Cuentos de la A a la Z, de Silvia Paglieta. Ilustraciones María Elina. Ediciones Abran Cancha. Colección Otro Potro. 

Libro Cuentos de la A a la Z